Mayo de 2016. 33 primaveras recién cumplidas… y cuando ya
sólo pensaba en mi viaje a Cape Town de Junio, debo irme a Teherán por trabajo.
Irán es uno de esos países que asusta a cualquier persona corriente: a mi
madre, a mis amigos, mi entorno cercano de trabajo y por su puesto a mí. Porque
a pesar de haber pisado ya más de 30 países no conozco a nadie que haya estado
allí antes, primera motivación para ir, y porque la única imagen que tenemos es
la que la prensa y la política nos ha creado durante tantos años y en la que
Irán aparece como un país malvado de extremistas islámicos dedicado a
desarrollar bombas nucleares y desafiando el orden mundial y el estilo de vida
occidental.
La primera imagen que se crea en mi cabeza cuando me imagino yo
mismo en Irán es siendo el protagonista de un video viral de Youtube, de
rodillas y con un mono naranja. Nada más lejos de la realidad, 30 minutos de
lectura de blogs y experiencia de viajeros es suficiente para olvidar todos
estos estereotipos y prejuicios a la vez de lamentarme de no tener el tiempo
suficiente para leer más y prepararme lo que puede ser uno de los viajes más
auténticos que alguna vez podré hacer. Porque siendo honesto, Irán no figuraba
ni en el top 100 de mis próximos destinos preferidos, e intentaré aprovechar
esta oportunidad que me brinda mi trabajo para descubrir la versión
contemporánea del antiguo Imperio Persa.
Vuelo desde Madrid via Estambul con Turkish Airlines, no es
la aerolínea más económica pero sí una de las rutas que menos horas de escala
tiene.
Espera en aeropuerto de Estambul |
A las 6am del viernes 29 de mayo
aterrizo en el aeropuerto Internacional Imam
Khomeini llegando
al hotel pasadas las 7 de la mañana. Pese a que había dormido apenas un par de
horas y el cuerpo exigía su descanso, era el único día de esta semana que iba a
tener libre ya que era fin de semana en Teherán y el sábado empezaría una
maratoniana semana de trabajo. Por tanto, tras una ducha reparadora abandono el
hotel sin mucha orientación tratando de descubrir una ciudad de más de 10
millones de habitantes y que no tardaría en darme cuenta que no iba a ser
fácil.
En las calles de Teherán casi nadie por no decir nadie habla inglés por
lo que el simple hecho de coger un taxi e indicarle dónde quieres ir es todo un
reto. Como no tenía ni dirección, ni guías, ni Internet…sólo un par de nombres
de atracciones turísticas que había grabado en mi mente durante la espera en el
aeropuerto de Estambul, intento que me lleve a uno de los lugares más conocidos
de la ciudad: el Palacio de Golestán. Pues bien, ni 4 personas pudieron
ayudarme cuando les pronunciaba ese nombre, era como si le estuviera hablando a
un canario. Incluso cuando ya me encontraba a 100 metros del palacio ningún
transeúnte sabía qué le estaba preguntando con “Golestán” y eso que más tarde
corroboré que en Iraní se pronuncia exactamente igual.
Al final llegué a este palacio que se encuentra en la zona central de
Teherán, sólo separado unos 200 metros
del Gran Bazaar.
El Palacio de Golestán, también
conocido como el palacio de las flores, es el monumento histórico más antiguo
de Irán. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue construido
entre 1524 y 1576 durante el reinado de la dinastía Safavid.
Exteriormente no es muy atractivo
que digamos, se trata de un conjunto de edificios de arquitectura y decoración
sobria que rodean un extenso jardín con grandes fuentes. En el acceso principal
al Palacio debes comprar el ticket de cada estancia que deseas visitar. Como no
tengo ni idea, pongo la oreja al lado de una guía turística que le recomienda a
dos matrimonios suizos el 1 y el 7 y eso es lo que compro. El precio es de
80.000 R por el acceso principal y 80.000 R más por cada uno de los suplementos.
El interior de los edificios sí
que se asemeja más a un palacio y puedes sentir la riqueza y lujo con la que el
Sha pasaba sus ratos. Pero tampoco soy
mucho de ver museos y unido a mi cansancio, tiro un par de fotos en la estancia
1 y me siento unos minutos a la sombra en el jardín antes de salir por donde he
entrado.
Me interesa más el presente y la
cultura que el pasado, mezclarme entre la gente, oler el mercado, comer lo que
ellos comen y empaparme de sus historias. Desgraciadamente el viernes es el único
día que cierra el Gran Bazaar por lo que tocaría volver otro día, otra señal
para que me fuera al hotel a descansar y refugiarme de los 30 grados de la
calle.
En cada país que visito, coger un
taxi es siempre una experiencia. Te da la oportunidad de hablar con el taxista
y conocer de primera mano la gente y sus vidas, sin embargo como ya he
comentado, no en Teherán. De vuelta al hotel paso completamente del taxi y me
aventuro en el metro vuelta al hotel no sin antes meterme en el primer lugar de
comidas abierto a las 3pm y comerme el primer (de muchos) plato de kebab con
arroz blanco, plato nacional en Irán.
Por la tarde y una vez descansado
hago otro intento de turismo y de todo lo que he visto por Internet que no esté
cerrado me decido por ir a ver la Torre Azadí (o Torre de la Libertad, en
farsi), tal vez el monumento más representativo de Teherán. Fue construida en
1971 para conmemorar los 2500 años del imperio Persa y se ha convertido en
símbolo de la modernización del país. El trayecto a la Torre fue surrealista.
Tras intentar ir en metro y perderme, agarro un tzi y el taxista no paraba de
hablarme en farsi pese a que le dije 20 veces que era español. Cambiaba
dirección sur o norte sin ningún sentido e hizo una parada en la que me dejó en
taxi sólo 5 minutos y apareció desde una frutería con una bolsa de picotas que
había comprado para compartir conmigo. Incluso me pedía que los huesos los
tirara al suelo del taxi.
De vuelta al hotel descubro que
la antigua embajada de Estados Unidos está justo en frente de él, junto a
Taleghani Metro Station. Había visto fotos en Internet pero este es sin duda un
lugar imperdible de ver. ¿Quién no ha visto la película Argo? Basada en hechos
reales, cuenta cómo el 4 de Noviembre de 1979 estudiantes militantes que
apoyaban al leader de la revolución Iraní, el Ayatollah Khomeini, irrumpieron y
tomaron la embajada de Estados Unidos alegando que los EE.UU. estaban
orquestando un complot de la CIA para socavar la revolución, sobre todo con su
continuo apoyo y el asilo otorgado al entonces derrocado Sha de Irán, Mohammad
Reza Pahlavi.
Aunque convertida en museo su
acceso para visitantes no está permitido aunque algunos comentan que sólo unos
pocos días al año abren. Sin embargo, los muros exteriores de la embajada,
conocida como “Den of Espionage”, son ya un propio museo con grafittis y
pintadas que denotan el sentimiento que los Teheraníes tenían a los americanos.
Paso toda la semana trabajando 14
diarias en MTN Irancell, el principal operador móvil de Irán, pero saco un día
un hueco a medio día para visitar el Gran Bazaar, 10 km cuadrados de
callejuelas interiores en el corazón de la ciudad. Aquí puedes encontrar de
todo, no es como los zocos de Marruecos en los que mayormente encuentras
textil, chatarrería y especias. El Gran Bazaar de Teherán es como 20 Corte
Inglés juntos, tienes calles de alimentación, zonas de material de oficina,
muebles, alfombras, electrónica y cualquier cosa que puedas necesitas. Si no
está ahí, no existe.